Para ser
honesta nunca fui trabajadora sexual, hasta que llego la pandemia. Bajo ese
contexto y entre un abanico de posibilidades de trabajo precarizado, el trabajo
sexual fue mi mejor opción y sin dudas, no me arrepiento de haber elegido ese camino...
La
militancia como herramienta de vida me ayudo a tomar dimensión de la
importancia de estar organizadas bajo un sindicato que pelee por nuestros
derechos, al igual que el de todos los trabajadores, claro, la cuota de estigma
nos pega tan duro que nos vuelve casi imperceptibles y con ello, vulnerables
ante los ojos que no son los de la experiencia.
Y así, fue
como llegué al sindicato de trabajadoras sexuales, donde a pesar de las
diferentes realidades, allí estábamos por elección. De inmediato entendí que ayudarnos era
nuestra única salvación, una forma de hacerle frente a la especulación y al
prejuicio de afuera que a algunas las mata y a otras nos limita.
Desde chica
siempre fui muy aplicada, de hecho, estudié derecho por dos años y desistí porque
para entonces aún estaba buscando aquello que me apasione. Es decir, el hecho
de que haya elegido ser trabajadora sexual no está relacionado a mis faltas de posibilidades
educativas. También cree mis propios emprendimientos, soy docente a medio
tiempo, y me gusta militar el territorio porque entiendo a la política como una
forma de vida. Es decir, el hecho de que haya elegido ser trabajadora sexual
tampoco se relaciona a una falta de capacidad para otras cosas.
Ser
trabajadora sexual me dio la calidad de vida que busque. Ser trabajadora
sexual me abrió más posibilidades de las que tenía, me hizo tomar dimensión de
lo amplia que es la diversidad sexual, me hizo conocer a hombres, mujeres y
parejas ejemplares que acompañan esta lucha y aceptan las condiciones que yo
impongo. Pero también, ser trabajadora
sexual me hizo entender que para el estado somos invisibles, que para las
inmobiliarias somos un horror, que para la salud publica somos un error y que
para el abolicionismo somos víctimas de trata.
¿Sera histórico
que una trabajadora sexual sea secretaria de diversidad dentro de la organización
de trabajadores de su propio partido? No lo sé, solo sé que como militantes es
hora de estar a la altura de la realidad, es tiempo de interpelarnos y
compartir miradas en un marco de respeto y entendimiento en la diversidad de voces y de construir a futuro una postura que, con disidencias en democracia, pueda
garantizar la vigencia de los derechos humanos.
Bienvenidos
a “Una puta radical”, un espacio virtual y abierto a todos, para interpelarnos,
compartir miradas, experiencias y generar una instancia de debate virtual sobre
trabajo sexual.