domingo, 20 de febrero de 2022

Abriendo el debate.

 

Para ser honesta nunca fui trabajadora sexual, hasta que llego la pandemia. Bajo ese contexto y entre un abanico de posibilidades de trabajo precarizado, el trabajo sexual fue mi mejor opción y sin dudas, no me arrepiento de haber elegido ese camino...

La militancia como herramienta de vida me ayudo a tomar dimensión de la importancia de estar organizadas bajo un sindicato que pelee por nuestros derechos, al igual que el de todos los trabajadores, claro, la cuota de estigma nos pega tan duro que nos vuelve casi imperceptibles y con ello, vulnerables ante los ojos que no son los de la experiencia.

Y así, fue como llegué al sindicato de trabajadoras sexuales, donde a pesar de las diferentes realidades, allí estábamos por elección. De inmediato entendí que ayudarnos era nuestra única salvación, una forma de hacerle frente a la especulación y al prejuicio de afuera que a algunas las mata y a otras nos limita.

Desde chica siempre fui muy aplicada, de hecho, estudié derecho por dos años y desistí porque para entonces aún estaba buscando aquello que me apasione. Es decir, el hecho de que haya elegido ser trabajadora sexual no está relacionado a mis faltas de posibilidades educativas. También cree mis propios emprendimientos, soy docente a medio tiempo, y me gusta militar el territorio porque entiendo a la política como una forma de vida. Es decir, el hecho de que haya elegido ser trabajadora sexual tampoco se relaciona a una falta de capacidad para otras cosas.

Ser trabajadora sexual me dio la calidad de vida que busque. Ser trabajadora sexual me abrió más posibilidades de las que tenía, me hizo tomar dimensión de lo amplia que es la diversidad sexual, me hizo conocer a hombres, mujeres y parejas ejemplares que acompañan esta lucha y aceptan las condiciones que yo impongo.  Pero también, ser trabajadora sexual me hizo entender que para el estado somos invisibles, que para las inmobiliarias somos un horror, que para la salud publica somos un error y que para el abolicionismo somos víctimas de trata.

¿Sera histórico que una trabajadora sexual sea secretaria de diversidad dentro de la organización de trabajadores de su propio partido? No lo sé, solo sé que como militantes es hora de estar a la altura de la realidad, es tiempo de interpelarnos y compartir miradas en un marco de respeto y entendimiento en la diversidad de voces y de construir a futuro una postura que, con disidencias en democracia, pueda garantizar la vigencia de los derechos humanos.

Bienvenidos a “Una puta radical”, un espacio virtual y abierto a todos, para interpelarnos, compartir miradas, experiencias y generar una instancia de debate virtual sobre trabajo sexual.


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